Tuesday, 22 April 2014

Un pouquiño de márketing amable (sen ánimo de lucro) para a lingua nosa :)

 What can I do to make you learn Galician?



Supoño que non é bo para ningunha lingua estar todo o santo día tras unha pancarta hostil e antipática. Hai outras estratexias de persuasión e sedución para captar novos falantes. Un pouquiño de márketing non vén nada mal. Cada un fai o que pode. Eu, humildemente, tamén :)

Chaval serbio (17 años) habla nueve lenguas.

Serbio (serbocroata de Serbia), castellano, italiano, búlgaro, rumano, esloveno, inglés (diferentes acentos), macedonio y portugués (não muito bem... )


El pendón de El Reino izado, flamante, en los aposentos del zagal no se explica sino por la negativa de España al reconocimiento de la provincia kosovar como Estado independiente tras una sucia y unilateral secesión, à la Criméene―a diferencia de las limpias, negociadas y pactadas consultas de Montenegro, Quebec y Escocia―, así como por los legendarios duelos entre Nadal y Djokovič.

Lo que este linguófilo serbio―y muy probablemente futuro filólogo―no sabe es que la España que él tanto admira no tiene el gusto y la sensibilidad que tiene él por la diversidad lingüística y dialectal, no sólo en la metrópolis imperial sino también en provincias y dependencias de El Reino (reintegracionismo, nacionalcatalanismo... ). Este muchacho distingue el búlgaro del macedonio, y demuestra que habla ambos. Si a cualquier chaval mallorquín se le hubiese ocurrido subir un vídeo semejante hablando en su mallorquín y en catalán fabrino [1], lo habrían puesto a caer de un burro, porque aquí, ya se sabe: un mexicano o un argentino puede hablar y escribir en castellano como se le antoje―sin que nadie ponga en duda la integridad de esta lengua―pero un mallorquín o un valenciano, como provincias y dependencias de Imperium Catalaunicum que son, deben desechar sus vulgares dialectos y abrazar el catalán metropolitano, o se atengan a las cerriles consecuencias.

[1] Sabes que el estándar del catalán no es como el español neutro, el galego normativo, el euskera batua o el português padrão―supradialectal, contemporáneo, vivo, mayoritario, común, de todos y de nadie―sino que se lo inventó todo un tío listo tomando como referente el barcelonés y despreciando el resto.

Sunday, 20 April 2014

O galego do Val do Ellas, Estremadura.


Indubidablemente galego:

1. Na fonoloxía:

  • Fricativas interdentais (coñeceran, Galicia, asociación), que non é propio do castelán de Estremadura. En castelán, alí sesean. De feito, o home di que eles pronuncian o castelán mellor (máis fino) ca os estremeños castelanfalantes. A fala do Val do Ellas pode darnos unha pista moi interesante sobre a galeguidade deste trazo, tan frecuentemente posto en cuestión por ser este un son tan característico do castelán peninsular estándar.
  • Minuto 0:20: "unha música". O artigo indeterminado feminino clarísimamente pronunciado cunha velar galega, e non o portugués uma

2. Na morfosintaxe: 

  • Minuto 0:49: "como se di". Clara conxugación galega. A conxugación portuguesa é diz.
  • Minuto 1:10: "fai uns anos atrás". Fai é a conxugación galega. En portugués é faz, e neste caso isto en portugués non se diría así. Non se empregaría o verbo facer. Sería: uns anos atrás.
  • Minuto 2:15: "nin ha feito nin fai". Galego oriental con verbos compostos (ha feito). Isto en portugués sería: nem tem feito nem faz.

3. Na lexicosemántica: 

  • Os pequenos, e non as crianças (lusismo introducido polo reintegracionismo en Galicia).

Agora: comparen todo isto co que se fala en Olivenza (Estremadura) e saquen conclusións.

No doubt! It's clearly Galician! :O

Que ten o Val de Arán que non teña o Val de Xálima para que falar esta lingua sexa ilegal?

Che, ¿vos hablás castellano "reintegrado"? (3)


¡Ay, mina, me encanta tu remera! ¡Boluda!

(traducción a castellano "isolacionista": "¡ay, chica, me encanta tu vestido! ¡Gilipollas!")

Che, ¿vos hablás castellano "reintegrado"? (2)


Che, ¿vos recibiste mi llamado en tu celular?
 
(traducción a castellano "isolacionista": "oye, ¿tú has recibido mi llamada en tu móvil?")

Bajo la Atmósfera de Urano felicítache a Pascua! :)

http://img.photobucket.com/albums/v153/rodaballo/red_sea_crossing.jpg 

E lembremos, como ben conmemora a festividade de orixe xudía, que ningún pobo merece ser escravo de réximes tiránicos. Non é o noso caso, pero si o caso de moitos outros pobos do mundo, dende Corea do Norte ata Irán e Arabia Saudí, pasando por Cuba ou Rusia.

Pascua é unha das pouquiñas palabras hebreas que ten o galego, sobretodo en comparanza coa multitude de palabras árabes (alfándega, oxalá, aldea, alcalde, alfombra, almofada). Vén de Pésagh, que significa chimpo, o chimpo que deu o pobo de Israel da escravitude en Exipto á liberdade na Terra Prometida.

Pésagh sameagh!

Feliz Pascua!

Saturday, 19 April 2014

Viendo llover en Galicia.

Mi muy viejo amigo, el pintor poeta y novelista Héctor Rojas Herazo -a quien no veía desde hacía mucho tiempo- debió sufrir un estremecimiento de compasión cuando me vio en Madrid abrumado por un tumulto de fotógrafos, periodistas y solicitantes de autógrafos, y se acercó para decirme en voz baja: "Recuerda que de vez en cuando debes ser amable contigo mismo". En efecto, fiel a mi determinación de complacer todas las demandas sin tomar en cuenta mi propia fatiga, hacía ya varios meses -quizá varios años- en que no me ofrecía a mí mismo un regalo merecido. De modo que decidí regalarme en la realidad uno de mis sueños más antiguos: conocer Galicia. Alguien a quien le gusta comer no puede pensar en Galicia sin pensar antes que en cualquier otra cosa en los placeres de su cocina. "La nostalgia empieza por la comida", dijo el che Guevara, tal vez añorando los asados astronómicos de su tierra argentina, mientras se hablaba de asuntos de guerra en las noches de hombres solos en la sierra Maestra. También para mí la nostalgia de Galicia había empezado por la comida, antes de que hubiera conocido la tierra. El caso es que mi abuela, en la casa grande de Aracataca, donde conocí mis primeros fantasmas, tenía el exquisito oficio de panadera, y lo practicaba aun cuando ya estaba vieja y a punto de quedarse ciega, hasta que una crecida del río le desbarató el horno y nadie en la casa tuvo ánimos para reconstruirlo. Pero la vocación de la abuela era tan definida, que cuando no pudo hacer panes siguió haciendo jamones. Unos jamones deliciosos, que, sin embargo, no nos gustaban a los niños -porque a los niños no les gustan las novedades de los adultos-, pero el sabor de la primera prueba se me quedó grabado para siempre en la memoria del paladar. No volví a encontrarlo jamás en ninguno de los muchos y diversos jamones que comí después en mis años buenos y en mis años malos, hasta que probé por casualidad -40 años después, en Barcelona- una rebanada inocente de lacón. Todo el alborozo, todas las incertidumbres y toda la soledad de la infancia me volvieron de pronto en ese sabor, que era el inconfundible de los lacones de la abuela. De aquella experiencia surgió mi interés de descifrar su ascendencia, y buscando la suya encontré la mía en los verdes frenéticos de mayo hasta el mar y las lluvias feraces y los vientos eternos de los campos de Galicia. Sólo entonces entendí de dónde había sacado la abuela aquella credulidad que le permitía vivir en un mundo sobrenatural donde todo era posible, donde las explicaciones racionales carecían por completo de validez, y entendí de dónde le venía la pasión de cocinar para alimentar a los forasteros y su costumbre de cantar todo el día. "Hay que hacer carne y pescado porque no se sabe qué le gusta a los que vengan a almorzar", solía decir cuando oía el silbato del tren. Murió muy vieja, ciega, y con el sentido de la realidad trastornado por completo, hasta el punto de que hablaba de sus recuerdos más antiguos como si estuvieran ocurriendo en el instante, y conversaba con los muertos que había conocido vivos en su juventud remota. Le contaba estas cosas a un amigo gallego la semana pasada, en Santiago de Compostela, y él me dijo: "Entonces tu abuela era gallega, sin ninguna duda, porque estaba loca". En realidad, todos los gallegos que conozco, y los que vi ahora sin tiempo para conocerlos, me parecen nacidos bajo el signo de Piscis.


No sé de dónde viene la vergüenza de ser turista. A muchos amigos, en pleno frenesí turístico, les he oído decir que no quieren mezclarse con los turistas, sin darse cuenta de que, aunque no se mezclen, ellos son tan turistas como los otros. Yo, cuando voy a conocer algún lugar sin disponer de mucho tiempo para ir más a fondo, asumo sin pudor mi condición de turista. Me gusta inscribirme en esas excursiones rápidas, en las que los guías explican todo lo que se ve por las ventanas del autobús, a la derecha y a la izquierda, señores y señoras, entre otras cosas porque así sé de una vez todo lo que no hay que ver después, cuando salgo solo a conocer el lugar por mis propios medios. Sin embargo, Santiago de Compostela no da tiempo para tantos pormenores: la ciudad se impone de inmediato, completa y para siempre, como si se hubiera nacido en ella. Siempre he creído, y lo sigo creyendo, que no hay en el mundo una plaza más bella que la de Siena. La única que me ha hecho dudar es la de Santiago de Compostela, por su equilibrio y su aire juvenil, que no permite pensar en su edad venerable, sino que parece construida el día anterior por alguien que hubiera perdido el sentido del tiempo. Tal vez esta impresión no tenga su origen en la plaza misma, sino en el hecho de estar -como toda la ciudad, hasta en sus últimos rincones- incorporada hasta el alma a la vida cotidiana de hoy. Es una ciudad viva, tomada por una muchedumbre de estudiantes alegres y bulliciosos, que no le dan ni una sola tregua para envejecer. En los muros intactos, la vegetación se abre paso por entre las grietas, en una lucha implacable por sobrevivir al olvido, y uno se encuentra a cada paso, como la cosa más natural del mundo, con el milagro de las piedras florecidas.


Llovió durante tres días, pero no de un modo inclemente, sino con intempestivos espacios de un sol radiante. Sin embargo, los amigos gallegos no parecían ver esas pausas doradas, sino que a cada instante nos daban excusas por la lluvia. Tal vez ni siquiera ellos eran conscientes de que Galicía sin lluvia hubiera sido una desilusión, porque el suyo es un país mítico -mucho más de lo que los propios gallegos se lo imaginan-, y en los países míticos nunca sale el sol. "Si hubieran venido la semana pasada, habrían encontrado un tiempo estupendo", nos decían, avergonzados. "Este tiempo no corresponde a la estación", insistían, sin acordarse de Valle-Inclán, de Rosalía de Castro, de los poetas gallegos de siempre, en cuyos libros llueve desde el principio de la creación y sopla un viento interminable, que es tal vez el que siembra ese germen lunático que hace distintos y amorosos a tantos gallegos.


Llovía en la ciudad, llovía en los campos intensos, llovía en el paraíso lacustre de la ría de Arosa y en la ría de Vigo, y en su puente, llovía en la plaza, impávida y casi irreal, de Cambados, y hasta en la isla de la Toja, donde hay un hotel de otro mundo y otro tiempo, que parece esperar a que escampe, a que cese el viento y resplandezca el sol para empezar a vivir. Andábamos por entre esta lluvia como por un estado de gracia, comiendo a puñados los únicos mariscos vivos que quedan en este mundo devastado, comiendo unos pescados que siguen siendo peces en el plato y unas ensaladas que seguían creciendo en la mesa, y sabíamos que todo aquello estaba allí por virtud de la lluvia, que nunca acaba de caer. Hace ahora muchos años, en un restaurante de Barcelona, le oí hablar de la comida de Galicia al escritor Álvaro Cunqueiro, y sus descripciones eran tan deslumbrantes que me parecieron delirios de gallego. Desde que tengo memoria les he oído hablar de Galicia a los gallegos de América, y siempre pensé que sus recuerdos estaban deformados por los espejismos de la nostalgia. Hoy me acuerdo de mis 72 horas en Galicia y me pregunto si todo aquello era verdad, o si es que yo mismo he empezado a ser víctima de los mismos desvaríos de mi abuela. Entre gallegos -ya lo sabemos- nunca se sabe.

Gabriel García Márquez.

Suzy (Portugal 2014) a cantar en castelán "Quédate conmigo" (España 2012).


Porque os portugueses non son tan sectáreos e intransixentes coma os talibáns pailaroquiños "da Galiza... ".

Estou encantado co inglés da representante portuguesa en Eurovisión 2014 :)


Mentres os portugueses falan perfecto inglés, os galeguiños, pailaroquiños, aínda queren aprender a falar o reintegrado para se comunicaren con... Mozambique e Timor Leste. Bah...

Cambiando de tema: mira, Suzy, caíchesme ben. Levas unha lambada cutre e machista ao festival, pero es riquiña. Deséxoche sorte para te clasificares. Non me importaría ter que aturar a túa canción dúas veces.

Yerba mate, en castellano "reintegrado".


Che, ¿querés un mate?